Yo crecí en un zoológico

  • Ciencia
  • BBC Mundo, @bbc_ciencia

12 septiembre 2014

June Williams jugando con un pelícano

Fuente de la imagen, Other

Pie de foto,

June Williams creció junto a los animales del zoológico de Chester, en Reino Unido.

June Williams tenía solo 4 años en 1930 cuando su padre compró unos 28.000m2 de terreno en Cheshire, Reino Unido. Su nombre era George Mottershead y tenía un sueño: construir «un zoológico sin barrotes».

Nacido en 1894, Mottershead sentía pena por los animales enjaulados del parque de atracciones de Bellevue, en la ciudad de Manchester.

Cuando regresó del frente en la Primera Guerra Mundial se propuso montar un vivero y una floristería.

Y efectivamente, su negocio floreció, especialmente cuando comenzó a vender también pájaros. Así que decidió poner en exhibición su propia colección de animales.

Se mudó con su familia a una casa con dos cabras y un mono gibón, y pronto se sumaron dos osos adquiridos en un parque de vida silvestre del cercano condado de Derbyshire.

Pero la misión de Mottershead estuvo llena de dificultades desde el principio.

Mottershead construyó el zoo

Fuente de la imagen, Other

Pie de foto,

George Mottershead construyó su zoológico desde cero, a base de prueba y error.

Para empezar, los vecinos temían la fuga de animales y se oponían.

«Esperábamos abrir para Semana Santa, pero no tuvimos permiso hasta el verano», recuerda June, que hoy tiene 88 años.

«El dinero se iba muy rápido porque había que pagar la hipoteca y alimentar a los animales».

Sin desanimarse, Mottershead siguió buscando formas imaginativas para poblar su zoo con criaturas exóticas.

Un zoo sin jaulas

En aquellos días, los animales podían comprarse en las grandes tiendas.

«La gente compraba jóvenes ejemplares y, por supuesto, pronto se volvían inmanejables en una casa», dice June.

June con una cachorra de león

Fuente de la imagen, Other

Pie de foto,

June se encariñó especialmente con una cachorra de león.

«Así que los dejaban en el zoológico: monos y diferentes animales».

Aunque las ambiciones de Mottershead fueran inusuales, tenía muchos seguidores que le regalaban animales.

Entre ellos, un chigüiro o carpincho –un roedor gigante sudamericano- que le donó el duque de Westminster.

«Alguien se lo había dado como un regalo. Él lo puso en una isla en su sus tierras de Eaton, y obviamente nadaba fuera de la isla porque es un animal acuático, pero nadie se había dado cuenta en aquel momento. Y así lo recibimos», cuenta June.

En 1931, el zoológico de Chester finalmente abrió las puertas al público. Desde el principio, June recuerda a su padre como un pionero que trataba de darle a los animales el mayor espacio posible.

«Era muy ingenioso. Ponía a los leones detrás de cercas hechas con redes. La gente decía que esto no iba a detener a los leones, porque todos los leones estaban tras las rejas en aquel tiempo. Pero él tenía la valentía de sus ideas».

En lugar de construir una jaula para encerrar a sus chimpancés, Mottershead cavó un foso.

«Cuando vuelvo a mirar las fotografías de los chimpancés detrás de un foso de agua, me doy cuenta que hizo falta valor para dejar a ejemplares adultos en una isla sólo con agua, porque nadie más lo había hecho antes».

Mejores amigos

June heredó de su padre la empatía por los animales.

Al haber crecido en un zoológico, algunos de sus mejores amigos fueron bestias exóticas.

June jugando un chimpancé

Fuente de la imagen, Other

Pie de foto,

Mary, la chimpancé, fue una de las mejores amigas de la infancia de June en el zoológico.

Especialmente Christy, una cachorra de león que June crio hasta que su padre la cambió por un oso polar, algo que le rompió el corazón.

También estaba Mary, la chimpancé.

«Más o menos compartimos nuestra juventud. Hicimos cosas juntas. Yo intentaba enseñarle como atar un nudo, pero no tuve éxito. Y dibujábamos cosas juntas en la arena. Tenía un carácter maravilloso. Los chimpancés son como los humanos… Tienes un vínculo estrecho con algunos».

Jirafas del Zoo de Chester
Pie de foto,

Hoy en día, el zoológico de Chester es uno de los más importantes de Reino Unido.

La Segunda Guerra Mundial marcó un tiempo difícil para el zoológico. Los animales jóvenes crecían rápido y necesitaban nuevos recintos, pero no había materiales para construirlos.

Por eso, los osos se escapaban de sus rediles provisorios.

Además, Chester recibió animales evacuados de los zoológicos urbanos por el temor a los bombardeos. Así llegaron un bisonte desde Dudley y un oso polar desde Brighton.

Una casa para la elefanta

La familia también adquirió una elefanta llamada Molly cuando el circo con el que viajaba se quedó varado en Inglaterra al estallar la guerra.

Molly fue recibida y alojada en un establo temporal en el jardín. Tan pronto como acabó el conflicto, Mottershead le construyó una casa para ella.

«Estaba hecha con bloques de la carretera que se habían usado durante la guerra para detener el paso de los tanques», dice June en conversación con la BBC.

«La casa del elefante se construyó muy rápido, pero le dio un hogar. Después de la guerra, se trataba de poner todo en marcha otra vez».

Mediante la prueba y error, la creatividad y la determinación de Mottershead mantuvieron en pie el zoológico.

Pero para June, el proyecto era también una cuestión familiar.

June juega con una cabra

Fuente de la imagen, Other

Pie de foto,

June, que hoy tiene 88 años, heredó de su padre la empatía por los animales.

«Mi padre era el faro y era muy valiente, pero tenía que haber alguien que lo apoyara», dice.

«Papá iba y traía animales, pero mi madre era su apoyo. Ella iba a ver a los animales todas las tardes para asegurarse que tenían agua fresca y un lecho cálido», cuenta June.

Hoy, 80 años después de la llegada de las primeras cabras, el zoológico de Chester es toda una institución. Alberga 11.000 animales en unos 4.400m2 de terreno y se enorgullece de su papel educativo, de conservación y en favor del bienestar animal.

Un legado que, según June, se ajusta a los sueños de su padre: «estoy segura de que él estaría muy orgulloso».