Vinicio Muñoz sobre Hugo Cabrera: «Hay que escribir su nombre con letras de oro»

¿Cuál fue mejor, de Vinicio Muñoz o Hugo Cabrera? El dilema de esa interrogante se mantuvo por años entre estos dos jugadores, quienes satisfacían la respuesta con pleitesías de uno al otro.

“Él y yo vivíamos siempre matándonos. Cuando le preguntaban cuál era el mejor, él decir que era yo, y cuando me preguntaban a mí, decía que era él”, dijo Muñoz, luego de primero comentar el fallecimiento de quien llamó su “hermano de vida por 47 años”. Los dos tuvieron tan excelente trayectoria que terminaron siendo exaltados al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano.

“Ha sido un golpe demasiado fuerte para el deporte y el baloncesto dominicano”, expresó Muñoz. “Hugo es parte primordial de la historia del baloncesto dominicano. Hay que escribir su nombre con letras de oro. Él vino a llenar un vacío, a renovar nuestro baloncesto y darle más prestigio internacional”.

Sobre el fenecido jugador, Muñoz agrega: “Qué lamentable que perdimos a una persona como Hugo, pero qué bueno que tuvimos a un jugador como él”.

La cercanía entre el fenecido jugador y Muñoz se creció más con los años. Y aun cuando Cabrera pensaba que Vinicio es el mejor, el legendario canastero resuelve la cuestión de esta manera: “Para mí, Hugo Cabrera es el mejor jugador del baloncesto dominicano”, dijo. Y técnicamente visualiza a su desaparecido amigo, la madrugada del 24 de marzo, como “el jugador que lo podía hacer todo. Independientemente de limitaciones que tenía como brazos más cortos para un hombre de su tamaño (6-7), pies más pequeños, no tenía mucho talento, pero era un trabajador que no solo se hizo de talento, sino que era una máquina de trabajo. Pero como disciplina mata talento, el compensó lo que le hacía falta a su talento”.

Recordó que cuando Hugo llegó al país éramos prácticamente muchacho, yo era algo maduro, “pero él nos dio un ribete de equipo internacional. Era capaz de bajar la bola, jugar la posición dos, la tres y la cuatro, así como la cinco”.

Expresa que en el el campeonato de Centrobasket 1977 en Panamá, donde el país ganó medalla de oro “ahí es su gran valía”.

Al evaluar, una vez más, su nivel técnico agrega que “no tenía mucha rapidez, pero compensaba con la inteligencia. No era muy habilidoso, pero nunca hacía nada de más de lo que tenía que hacer. Los que estuvimos cerca de él aprendimos”, además de que “era un líder y tenía un gran corazón”.

Como persona “fue un referente para nosotros. Cuando hablaba poníamos atención y todos los respetábamos”.

“En lo personal”, continúa Muñoz “me ayudó verlo a él como trabajaba”, señala Muñoz y recuerda que lo vio en 1975, cuando vino de Estados Unidos y le dijo “si uno es un novato y él una estrella, dije que tenía que trabajar como él. Me llenó mucho de estímulo”.

Señala que se decían “chief” (jefe) y refiere que uno de los momentos “más bonito que viví fue en 1995”, tanto en Centrobasket de ese año que se celebró en el país, como en el torneo de baloncesto del Distrito Nacional, en el que Muñoz jugó para el club San Lázaro, que ganó el campeonato y de cuyo equipo Cabrera fue asistente.

Durante ese Centrobasket, señala que Cabrera le había dicho que necesitaba “25 puntos” de él, lo que le provocó cierta presión por venir de una persona que conocía el juego y también ocurrió en el distrital cuando fue su asistente. “Teníamos tanta química que con mirarnos ya sabíamos lo que queríamos”.

Otra experiencia fue en el torneo de maxibaloncesto, cuando compartieron cancha en diferentes torneos, pero uno que lo impactó fue en Orlando, Estados Unidos, cuando Cabrera viajaba desde Miami, “cuatro horas” tan solo “para animar el equipo, pasar agua y secar el sudor de sus compañeros”.

En Italia, donde jugó Hugo en un torneo de maxibaloncesto, Muñoz señala que todas las noches él y su esposa junto a Cabrera salían a cenar. “Eso fue algo que nos unió. Fue mi hermano durante casi 47 años. Nos decíamos que éramos hermanos de vida, porque teníamos toda la vida juntos. Nos llamábamos por teléfono. En Miami iba donde vive mi hijo (Harold) me quedaba allá o me quedaba en su casa y me buscaba al aeropuerto”.

Así se refiere Muñoz de su “hermano de vida”, de quien concluye que “no éramos solo compañeros de juego como muchos otros”.