Un fin de semana brutal de las “bandas latinas” crea alarma en Madrid

Dos muertos a machetazos y un herido grave en tres peleas diferentes el pasado fin de semana en Madrid desencadenaron una ofensiva de las autoridades para evitar venganzas de unas pandillas juveniles de raíces latinas cada vez más desdibujadas.

La Guardia Civil anunció el jueves que once personas fueron detenidas como sospechosas de pertenencia a los Dominican Don’t Play (DDP), una banda surgida en Nueva York en los años 80, replicada en las calles del sur de Madrid, y enfrentada a los Trinitarios, también de origen dominicano, surgida en la misma época en la ciudad estadounidense.

Entre los detenidos se encontraban los tres presuntos responsables del asesinato en un barrio del sur de Madrid el sábado por la noche de un joven de 25 años de origen colombiano, «perteneciente a la banda Trinitarios», según el comunicado policial.

Además, ese mismo día, un muchacho de 15 años caía muerto frente a una discoteca próxima a la principal estación de trenes de Madrid, Atocha, y otro de 17 años resultaba gravemente herido por cuchilladas en el norte de la capital, incidentes que la policía enmarcó en peleas entre bandas.

La delegación del gobierno (prefectura) de Madrid anunció el despliegue de más de 500 policías para «detectar e identificar a los miembros de las bandas», un dispositivo que podría contener impulsos de venganza.

Otros 834 agentes de la Guardia Civil se sumarán a las labores de prevención en la región capital, indicó a la AFP una portavoz de ese cuerpo de seguridad.

Lo del pasado fin de semana «no es una cosa puntual, viene de hace 4 o 5 años, de enfrentamientos que no se han cortado, que responden a una conflictividad interna de estos grupos, a menudo a escisiones», sostuvo, en declaraciones a la AFP, Carles Feixa, antropólogo de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Como se ha recurrido únicamente a la respuesta policial y «no se han intentado formas de mediación, de resolución de ese conflicto, se ha ido agravando», añadió Feixa, investigador principal del programa Transgang sobre pandillas juveniles y autor del libro «El rey. Diario de un Latin King».

 «Tenemos un problema»

El consejero de Interior de la región de Madrid, Enrique López, lo admitió: «tenemos un problema con las bandas», dijo en una entrevista en Telemadrid.

Según la edición de 2021 del Observatorio de Bandas Latinas, un informe elaborado por el evangelista Centro de Ayuda Cristiano, 2.500 jóvenes están adscritos a estos grupos en Madrid, una quinta parte de ellos menores de 13 años.

La «captación en los centros de enseñanza ha crecido durante la pandemia de coronavirus al estar cerradas» las discotecas, que eran «puntos de captación de las bandas», afirmaba este informe sobre unas bandas que mueven casi 10 millones de euros en cuotas de pertenencia.

Los Ñetas, los Latin King, los Trinitarios y los DDP son las bandas más numerosas en la Comunidad de Madrid, donde también se cuentan miembros de los Blood, los Forty Two, la Mara Salvatrucha y La 18.

Se trata de una lista de nombres con ecos latinos que remite a las calles de Los Angeles, Chicago o Nueva York, pero cuya versión madrileña reúne a muchos jóvenes ya nacidos en España.

 «Tan españoles como usted o yo»

«Las bandas ‘latinas’ son inmigrantes de segunda generación tan españoles (…) como usted o como yo», le replicó airada la presidenta de la región de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a una parlamentaria del partido de ultraderecha Vox cuando ésta afirmó que «la inmigración ilegal está causando verdadero terror en nuestros barrios».

«Su composición es plural», coincide Feixa. «Nos consta que, además de los dominicanos, hay miembros de otras nacionalidades latinoamericanas y también jóvenes españoles de los barrios populares y obreros».

«Lo que les caracteriza, en realidad, más que su origen o nacionalidad, es la exclusión social que padecen al final de la escolaridad obligatoria», a los 16 años, concluyó.

«Cuando no tienes alternativas, pues la calle, el grupo, y la pequeña economía ilegal» se convierten en una, añadió el investigador, recordando la grave crisis de 2008 y la creada ahora por el cierre de la economía debido a la pandemia de coronavirus.

Algunos recurren al menudeo de drogas, pero no hay constancias de alianzas con el narcotráfico a gran escala, algo que supondría un gran peligro, advierte Feixa: «son el ejército ideal para cualquier empresario criminal».