Un Brasil sin brújula roza los 300,000 muertos en la peor fase de la pandemia

Brasil, el país más azotado por la pandemia hoy en día, bordea los 300,000 muertos por la COVID-19, mientras que la escasez de oxígeno y medicamentos para los contagiados por el virus amenaza con agravar el colapso que ya vive el país por la falta de cupos en las UCI ante el creciente número de ingresos.

La crítica situación tiene al gigante suramericano en jaque, pues, además de la fuerte crisis que se vive en el sistema de salud, permanecen las críticas a la cuestionada gestión del Gobierno de Jair Bolsonaro, que trabaja de forma desarticulada con los mandatarios regionales para enfrentar el recrudecimiento de la pandemia en el país.

Mientras que algunos de los estados más poblados de Brasil, como Sao Paulo y Río de Janeiro, adoptaron severas medidas para frenar los contagios, el líder de la ultraderecha continua negando la gravedad de la pandemia; asegura que el país es un ejemplo en el manejo de la misma y hasta ha acudido a la Corte Suprema para limitar los poderes de los mandatarios regionales.

Bolsonaro, el negacionista

El Supremo rechazó este martes la petición del mandatario, tras calificarla de “totalitaria”, y ratificó la decisión que ya había dado desde el año pasado, de que Gobiernos regionales y locales tenían autonomía para imponer medidas restrictivas contra la COVID-19 siempre y cuando estén respaldadas por un comité científico.

Bolsonaro, uno de los líderes más negacionistas sobre la COVID-19, incentiva a los brasileños a salir a las calles, no tiene reparo en participar en actos públicos aglutinados y sin protección, y critica constantemente el endurecimiento de medidas adoptadas por alcaldes y gobernadores del país, como el cierre de comercios y toques de queda para restringir la movilidad y evitar la propagación del virus.

A la crisis se suma un Ministerio de Salud a la deriva, pues tan sólo ocho días después de haber sido nombrado Marcelo Queiroga como nuevo titular -el cuarto durante la pandemia- solo hasta hoy asumió como jefe de la cartera en lugar del general del Ejército Eduardo Pazuello, en una ceremonia privada que no fue agendada por la Presidencia.

La interinidad trabó aún más la gestión frente a la COVID-19 del Ministerio, que adelanta una lenta campaña de vacunación y opera de forma reactiva, buscando apagar los incendios ocasionados por la escasez de oxígeno y la falta de insumos para las UCI (Unidades de Cuidados Intensivos), sin un plan concreto para enfrentar la crisis sanitaria en el país.

Desde el pasado 17 de enero, cuando se inmunizó a la primera persona en Brasil, se han aplicado unos 14 millones de dosis en todo el país, es decir, que de los más de 210 millones de habitantes que tiene el gigante suramericano, tan solo el 6.6 % ha recibido al menos una dosis de algún antídoto contra la COVID-19.

En cuanto a la escasez de oxígeno, el Ministerio señaló que seis estados preocupan por la falta del vital gas (Acre, Rondônia, Mato Grosso, Amapá, Ceará y Rio Grande do Norte).

Aunque la cartera no la incluyó, la situación también tiene bajo alerta a Sao Paulo, donde la Fiscalía investiga la muerte de tres personas que fallecieron en la capital paulista, tras ser trasladadas de un centro de salud por falta de oxígeno.

El motor de Brasil está al límite

Sao Paulo, motor económico nacional y con una población de unos 46 millones de habitantes, es el estado más castigado por la pandemia, con más de 68,000 muertes y 2.3 millones de contagios desde que se registró el primer caso en el país -y de toda Latinoamérica- el 26 de febrero de 2020.

En las últimas 24 horas el estado registró 1,021 muertes por COVID-19, un nuevo máximo diario para la región y casi el doble de los 679 fallecidos el martes pasado, hasta entonces el máximo récord en Sao Paulo.

La cifra de pacientes hospitalizados con COVID-19 se ha disparado en las últimas semanas hasta las casi 30,000 personas, de las que 12,168 están en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI).

El crecimiento exponencial de los contagios, agravado por la circulación de nuevas variantes del coronavirus más infecciosas, ha provocado que las UCI de Sao Paulo este al límite, con una tasa de ocupación que llega al 92 %.

Además de la falta de camas en los hospitales, también preocupa el posible desabastecimiento de oxígeno y medicamentos, como sedativos y bloqueadores neuromusculares, imprescindibles para los enfermos con cuadros más graves de la dolencia.