Salir del último lugar de la prueba PISA

Juan Ariel Jiménez
Santo Domingo

Cada tres años los informes internacionales de aprendizajes de los estudiantes nos traen malas noticias. Tanto en la evaluación mundial PISA como en la evaluación latinoamericana ERCE, la República Dominicana sale en los últimos lugares del ranking de sistemas educativos, incluso por debajo de países con menor nivel de desarrollo económico como Nicaragua, Paraguay o Marruecos.

Y lo que es peor, el porcentaje de estudiantes dominicanos que obtienen calificaciones satisfactorias es extremadamente bajo. Por ejemplo, según la evaluación ERCE 2019, solo un 7% de los niños de tercero de primaria tiene un buen dominio de las matemáticas, mientras que en sexto de primaria dicho porcentaje apenas llega al 2%. A modo de ejemplo, esto implica que de los 189,030 estudiantes que en 2019 estaban en sexto, solo unos 4,200 hubiesen “pasado la prueba con buenas notas”.

Estos datos contrastan con todo el talento y creatividad que vemos diariamente en las niñas y los niños dominicanos, a quienes diariamente el sistema educativo les falla en ayudarlos a desarrollar todo su potencial. En pocas palabras, quien verdaderamente se ha quemado en las pruebas nacionales e internacionales es el sistema educativo dominicano.

Ante esta situación, es importante hacerse la pregunta: ¿cómo lograremos salir del último lugar de las pruebas PISA?

Luego de décadas de investigación y experimentación respecto a los aprendizajes de los estudiantes, casi todos los países y la mayoría de los expertos han concluido con la misma palabra: docentes.

Quien mejor resume todo lo que se ha aprendido sobre el tema es Eric Hanushek, al afirmar que “solo hoy, a diferencia de la década de 1950, tenemos una idea clara de lo que se necesita para mejorar el desempeño de los estudiantes. La calidad de los maestros en nuestras escuelas es primordial: ningún otro aspecto es tan importante para determinar el rendimiento de los estudiantes. Las iniciativas que hemos enfatizado en las discusiones de política (reducción del tamaño de las clases, renovación del plan de estudios, reorganización del horario escolar, inversión en tecnologías) están muy por debajo del impacto que los buenos maestros pueden tener en el aula”.

A modo de ejemplo, una investigación en Tennessee mostró que si se asigna un grupo de estudiantes a un docente altamente efectivo, al cabo de tres años esos estudiantes estarían en el 20% de notas más altas en el distrito escolar. Por el contrario, si ese mismo grupo de estudiantes es asignado a un docente con bajo rendimiento, luego de tres años estarán entre el 30% de notas más bajas del distrito escolar.

Para lograr transformar el sistema educativo dominicano se requiere trabajar fuertemente en la valoración, motivación, desempeño y disponibilidad de recursos de nuestros educadores.

Es necesario lograr que las nuevas generaciones de maestros tengan un alto nivel, razón por la cual la regulación de la formación docente es tan importante. Dicha regulación debe establecer altos requerimientos de ingreso a las carreras relacionadas a educación, y contener estrictas exigencias tanto a las universidades que imparten carreras relacionadas a educación como a los estudiantes de dichos programas.

Un paso de avance se dio con la implementación de la Normativa 09-15 y el programa de becas de docentes de excelencia, al punto que prácticamente todos los egresados de dichos programas aprueban el concurso de oposición, y en muchos casos se gradúan con los índices más altos de su promoción universitaria.Por otro lado, los profesores que actualmente están en las escuelas pueden mejorar su desempeño con programas de capacitación centrada en el aula, donde un acompañante experto observa al maestro para detectar las oportunidades de mejora y trabajar con el docente en las correcciones puntuales que pueden mejorar su estrategia pedagógica. En ese sentido, los programas pilotos que en 2014-2016 implementó el INAFOCAM en algunos distritos educativos dieron buenos resultados.

Adicionalmente, realizar evaluaciones de desempeño con regularidad permitiría que cada educador tenga su plan personalizado de autodesarrollo, siendo responsable de su proceso de mejora profesional.

Y no menos importante, los maestros y maestras de alto desempeño deben ser recompensados, tanto de manera económica como social. De esta forma, los buenos docentes podrían mejorar su situación económica sin necesidad de salir de las aulas y sin necesidad de esperar un aumento generalizado de sueldos por protestas del sindicato.

Estas son solo algunas ideas de cómo mejorar la política docente, y aunque hay muchas otras opciones, en cualquier caso lo importante es priorizar el aprendizaje de los estudiantes e implementar políticas públicas basadas en evidencias.

Desarrollar y mantener una buena política docente permitiría no solo que salgamos del último lugar de PISA, sino lo más importante, permitiría que como país le demos la oportunidad a millones de niños y niñas de llegar a ser la mejor versión de ellos mismos.

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