OPINION: Estabilidad económica y crisis de desabastecimiento

A finales del 2019 cuando empezamos a leer en la prensa internacional sobre el llamado Covid 19, lo sentíamos tan lejos, que creímos que se trataba de un problema de los chinos; pero luego se desbordó a una pandemia que nos obligó a todos a recluirnos en nuestras viviendas, ponernos mascarillas y hasta cambiar todo nuestro modelo de vida.

Ese fenómeno sanitario trajo consigo serias complicaciones económicas, sociales y políticas, que bien podría decirse que dejó un nuevo orden mundial en todos los sentidos.

Cuando creímos que habíamos superado esa horda de tempestades, entonces empezamos a escuchar los tambores de guerra, pero esos ruidos rezonaron tan remotos que nos importó poco, hasta que el fuego de artillería surca los cielos de Ucrania, y de paso por las estaciones de combustibles vemos que el monto con el cual llenamos el tanque de combustibles la semana anterior, ahora solo alcanza para dos tercios.

Ahora bien, antes que la pandemia y la guerra fueran noticias, ya el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas en el año 2015, asumió uno 17 objetivos para mejorar la calidad de vidas de más de 135 millones de personas en distintas partes del mundo que cada día tenían que acostarse con el estómago vacío, de hecho, en el 2019, año antes de la pandemia, una de cada tres personas en el mundo padecía de desnutrición.

De acuerdo al Índice de Hambre Cero unos 47 países se han alejado de las metas que se habían trazado en este sentido, luego de la crisis del covid, y ahora la invasión de Putín a Ucrania que han disparado los precios de los alimentos a nivel global; que amenaza con generar una hambruna, con la consecuente desnutrición, turbulencias sociales y políticas; descontrol de los flujos migratorios; y otras graves consecuencias.

De acuerdo al Índice Global del Hambre, a pesar de las devastadoras consecuencias de la pandemia en los últimos dos años y medio, la invasión a Ucrania sigue siendo el principal factor de hambre en el mundo, lo peor de todo, es que, por lo menos en el corto plazo, no se observa una solución al conflicto, lo que agravará la situación de vida en los 47 países que por su pobre desempeño no podrán cumplir las metas de hambre cero de la ONU para el 2030.

En este momento lo grave de la situación ya no es la pandemia o la guerra de Putín, sino una espiral inflacionaria global que está colmando la paciencia en todos los pueblos del planeta, que ha obligado a que la Reserva Federal de Estados Unidos haya incrementado la tasa de interés en varias ocasiones, las dos últimas, en 75 puntos, la más alta en 40 años, que a su vez, obliga a las autoridades dominicanas a caerle atrás a esta delirante carrera de apreciación monetaria.

Para dejar una idea de las dificultades que nos esperan en los próximos meses, basta con recordar que la recesión de los años 80 y 90 vinieron después de que se aplicaran políticas restrictivas para controlar la inflación.

El representante de la FAO en la región, Julio Berdegue, observa como “muy preocupante” la inseguridad alimentaria y niveles de pobreza, que se han acelerado en forma peligrosa; que define como “una tormenta perfecta”, con graves riesgos para la estabilidad social y política de la zona. Al tiempo, que señala que se trata de un fenómeno global, que ningún país podrá resolver en forma individual, y por lo tanto, amerita una estrategia colectiva, global institucional.

De acuerdo a los economistas más depurado de la región y el mundo, este grave problema obliga a fortalecer los sistemas protección social y asistencia alimentaria, principalmente para los niños, ancianos y embarazadas, porque ya son millones los que han perdido acceso a una alimentación adecuada, cuando el mundo enfrenta un drama difícil de resolver, que su solución tomará un tiempo largo, y advierten que América Latina, y el Caribe serán los más afectados.

En este contexto, en algunas naciones se impone una especie de nacionalismo agroalimentario, porque son productores y han frenado sus exportaciones para garantizar su propia seguridad alimentaria.

Todo esto, a pesar que hay suficiente alimentos para cubrir la población mundial, las grandes empresas de transporte marítimo tienen comprometido sus servicios con fabricantes de ciertos bienes, lo que obliga a desbloquear las cadenas de abastecimiento, para atender las necesidades urgentes de hambres en regiones como África, Medio Oriente y otras.

Frente a esto, Rusia y Ucrania lograron un acuerdo con la mediación de Turquía y la ONU para desbloquear más de 20 toneladas de cereales y semillas de girasoles, que por más de 5 meses están almacenados en los puertos ucranianos, como forma quitar presión a los mercados.

Pero como la suerte en casa de pobre dura poco, un día después del acuerdo, dos misiles crucero ‘Kalibr’, impactaron las instalaciones del puerto de Odessa, por donde debe salir el cereal ucraniano, para desbloquear la exportación de esos granos, hecho del cual Ucrania acusa a Moscú, pero que este ha negado.

Mientras tanto, el desabastecimiento seguirá castigando a los más pobres, porque EE.UU. Brasil y Argentina están en capacidad de abastecer a Europa, y China no tendrá problemas porque comparte una vasta frontera con Rusia, para recibir esos alimentos. Entonces, ¿los pequeños del mundo como se hacen?.

@alexandrperez

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