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Spinoza, un filósofo controversial (y 2)

La obra fundamental de Baruch Spinoza, titulada Ética, comienza “por sus fundamentos lógicos”. En ella condensa gran parte de su pensamiento filosófico, con un gran despliegue de conocimientos.

Personas e instituciones con mucha influencia llenaron de dificultades el camino para que ese libro no fuera impreso en vida del autor. Eso encajó en el marco de lo que el mismo Spinoza había definido como “las pasiones tristes”.

Sin embargo, el contenido de esa obra, con su diversidad de aspectos trascendentales, sigue vigente para múltiples análisis.

EL AUTOR es abogado e historiador. Reside en Santo Domingo.

Ética fue el texto póstumo de Spinoza, el hombre que nació en cuna holgada, pero los azares de la vida lo hicieron terminar sus días terrenales en extrema pobreza.

En su parábola vital conoció, en consecuencia, las maduras primero y las verdes después. Aunque dejó escrito para la posteridad que la sabiduría “…no es una meditación de la muerte, sino de la vida”.

Pedro Henríquez Ureña, gran sabio dominicano, publicó por primera vez en el 1911 un ensayo titulado Las ideas de Spinoza, en el cual analizó a fondo a ese personaje, destacando el impacto general de sus reflexiones.

En dicho texto el erudito criollo señala lo siguiente: “No es Baruch Spinoza pensador cuya filosofía, como la de Platón, se ha impuesto al mundo…no tuvo tampoco la fortuna de vivir, como Kant, en un país y época hechos al pensamiento libre…”

Resalta que “…Spinoza ocupa una de las posiciones centrales y dominantes en la historia de la filosofía” y añade que su influencia ha sido “como llama perpetua que se transmite de cumbre en cumbre…”

Puntualiza en el referido ensayo que: “…Spinoza aparece como el tipo del pensador intelectualista. Ni Hegel, ni Aristóteles, ni el Kant de la Razón pura, ni el Platón de los diálogos polémicos, le superan en rigorismo de abstracción y de encadenamiento lógico. Ningún problema escapa a su implacable mecanismo racional.” (Obras Completas. Tomo II. Edición UNPHU, 1974.Pp.167-182.Pedro Henríquez Ureña).

En el referido ensayo Henríquez Ureña hizo una radiografía, con rigor y responsabilidad intelectual, referente a las derivaciones sociales del pensamiento filosófico de Spinoza.

Oportuno es decir que el filósofo y académico italiano Toni Negri, recién fallecido (16-12-2023), fue uno de los autores más dedicados a reivindicar los aportes filosóficos de Spinoza, al menos en un tramo de la centuria pasada y en lo que va del siglo XXI. 

Negri reanimó el interés de miles por la producción intelectual del filósofo nacido en el 1632 en la ciudad de Ámsterdam. Sus ensayos de gran calado (Spinoza subversivo, Spinoza y nosotros, La anomalía salvaje, etc.), así como artículos y comentarios radiales y televisivos demuestran lo señalado más arriba.

Borges

Jorge Luis Borges, el famoso poeta, cuentista y ensayista argentino, se mantuvo en una especie de sube y baja con relación a Spinoza, aunque siempre guardó un admirable respeto a su memoria.

Primero dijo (México 1974) que no había entendido a Spinoza, pero que iba a escribir un libro sobre él. Cuatro años después, en conversación con el historiador e intelectual mexicano Enrique Krauze, informó que había desechado ese proyecto editorial, porque “me di cuenta de que mal podía explicar a los otros lo que no podía explicarme a mí mismo…”

Luego, en el 1981, Borges admitió lo siguiente: “Creo entender esencialmente el sistema de Spinoza…salvo que para mí no es un sistema, yo diría que se trata más bien de un acto de fe. Es decir, la filosofía de Spinoza puede ser profesada como una religión…”  

Lo anterior era en sí una contradicción con las reflexiones spinozianas para llegar al entendimiento.

Borges escribió dos sonetos titulados Spinoza y Baruch Spinoza, ambos envueltos en los enigmas del lenguaje borgiano. Dicho así porque en el último le atribuye al filósofo ideas de construcción fantasiosas “desde su enfermedad, desde su nada”.

En su último libro, titulado Los conjurados (1985), Borges refleja en varias de sus 44 piezas de poemas y prosa trazos subliminales de sus variadas e intermitentes interpretaciones de la obra de cuestiones filosóficas de Spinoza. (Los conjurados. Emecé Editores,1996).

Aunque quise presentar primero al Borges enredado (con entradas y salidas contradictorias) en la dimensión de la cosecha intelectual de Spinoza, debo señalar que antes el filósofo galés Bertrand Russell había escrito que:

“Spinoza tiene que ser sentido como un santo…es el más entrañable y noble de los grandes filósofos…intelectualmente otros lo han superado; su Ética, en cambio, es inigualable…Los pocos que le conocieron le amaban, aun en el caso de que desaprobaran sus principios”. (Historia de la filosofía occidental. Primera edición en español por Editorial Espasa-Calpe, Argentina,1947.Bertrand Russell).

Vale señalar también, en estas breves notas, que el ensayista y monje benedictino español Benito Feijoo Montenegro analizó con profundidad y cortesía, desde la discrepancia, el pensamiento de Baruch Spinoza.

Contrario a otros que comentaron la obra del sapiente holandés de origen judío con mentes brumosas y cargadas de encono, Feijoo no mostró hostilidad hacia ese filósofo controversial que abrió una trocha inmensa en la espesura del campo minado que prevaleció por siglos entre teología y filosofía.

A pesar de que eran enormes las contradicciones teológicas-filosóficas entre Feijoo y Spinoza ha quedado comprobado, por la fuerza de la realidad, que fue aquel el que introdujo la obra intelectual de este al mundo hispanohablante.

Para los que llenaban de improperios el recuerdo de Spinoza iban estas palabras de Benito Feijoo:

“Los que bravean de este modo, no buscan la verdad…Sólo atienden a establecer el predominio de la opinión que se ha abrazado…Saben bien que los necios son infinitos, y que a todos los que lo son, persuade más el estrépito de las voces, que la fuerza de los discursos”. (Teatro Crítico Universal.Pp13-19.Benito Feijoo).

Esos juicios hicieron diana, para sólo citar un caso, en el teólogo y filósofo alemán Johan Heinrich Dippel, quien cargado de odio, con ánimo vitriólico, y sin explicar a fondo el origen de su  esputo venenoso, escribió que Spinoza era un:

 “Diablo necio…saltimbanqui ciego…idiota obcecado…demente que merece que lo encierren en un manicomio… hombre loco y borracho…harapo filosófico”. (Fatum Fatuum, libro contra Descartes, Hobbes y Spinoza. Referenciado en diversas enciclopedias de religiones y filosofía).

Para un joven filósofo argentino Feijoo actuó al evaluar a Spinoza como un estratega por “…el tratamiento que hace del ateísmo de Spinoza y de su condición de judío en un contexto muy intolerante como el catolicismo borbónico”. (Spinoza, Feijoo y las matrices diversas de lo moderno. Ensayo. Revista Aparte Rei55. Guillermo Ricca).

Es importante precisar que a pesar de su gentileza Spinoza era un formidable combatiente. Algunos de sus adversarios recibieron de él respuestas contundentes que no se atrevieron a ripostar.

De los que se escudaban en premisas dudosas para denostarlo escribió Spinoza lo siguiente: “Lo que suele presentársenos como la palabra de Dios, son absurdas quimeras, y bajo el falso pretexto del celo religioso se trata constantemente de imponer a los demás la opinión propia…”

 Antonio Gramsci, el filósofo, periodista, político y sociólogo italiano, portador de una fascinante formación intelectual, fue un gran estudioso del pensamiento de Spinoza, lo cual se observa cuando, por ejemplo, se refiere a lo que definió como “bloque histórico y hegemonía”, para explicar en un luminoso conjunto de ensayos temas de cultura, filosofía, historia y política.

En resumen, al margen de que se esté o no de acuerdo con él, las reflexiones de Spinoza siguen motivando en todo el mundo a muchos estudiosos acerca de la importancia de la filosofía para entender los conceptos de libertad, racionalidad, conocimiento y términos vinculados con ellos.

jpm-am

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