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La emotividad en el voto electoral

Ante el recién pasado torneo electoral ocurrido en República Dominicana, cabe preguntarse ¿qué tan informada votó la gente?, ¿analizaron y profundizaron los electores las propuestas y programas de los candidatos?, ¿acudieron a las urnas con la suficiente preparación previa?

Es muy probable, decía el divulgador y economista Eduard Punset, que “las mejores decisiones no sean fruto de una reflexión de nuestro cerebro sino del resultado de una emoción”.

Y son precisamente esas emociones consideradas universales las que los políticos usan en los días de campaña para convencer a nuestro cerebro de ir a votar a su favor, o a favor de su partido, en las elecciones generales.

Se entregan al juego de la seducción, sacando el máximo provecho de la condición humana de los votantes. Tienen claro que le hablan a hombres y mujeres tanto racionales como emotivos, a los que, con mayor  frecuencia, dominan las entrañas por sobre la cabeza.

El manejo de las emociones es fundamental cuando uno se decide a votar.

Pero ¿cómo votamos realmente: más de forma racional o emocional? Si preguntas a la gente a tu alrededor, te dirán seguramente que su decisión del voto fue racional, pero para que así fuese esperaríamos que cada persona hubiese leído y analizado concienzudamente los programas y propuestas de cada partido, y a partir de ahí, de forma racional, establecer la decisión del voto.

¿De verdad todos hacemos este análisis? La respuesta es no. Así que el proceso de decisión se completa con elementos emocionales.

Si bien es cierto que hay muchas personas que, en un ejercicio de máxima responsabilidad y coherencia con sus ideales, leen los programas y buscan identificarse con el partido al que el candidato representa; la inmensa mayoría de personas que van a votar ya hace mucho tiempo tomaron la decisión de a quién votar. Lo harán o hicieron en función de la emoción que aquel candidato le produjo quizás la primera vez que lo vió en televisión, en una reunión, o en algún mitin.

Esa primera buena impresión que te produjo ese candidato, porque supo comunicar con pasión, te sonrió a ti al llegar al lugar donde lo viste, aquel que te hizo sentir identificado, cuando contó una historia personal y te hizo descubrir que él es una persona con iguales inquietudes, en definitiva, una persona capaz de conectar emocionalmente contigo

Por ello, si nuestros candidatos son capaces de generar en el electorado, en cada acto, cada mitin, cada reunión, esa emoción positiva, tendrán muchas posibilidades de ganar el voto de ese ciudadano.

Esa capacidad de despertar emociones positivas es lo que configura el carisma de un candidato, esa capacidad de influencia, que le harán ganar un seguidor, un votante, y con mucha probabilidad, unas elecciones.

JPM-AM

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