Los partidos pequeños: su debate entre crecer o desaparecer

Por décadas, la República Dominicana ha visto coexistir a una treintena de partidos políticos, muchos de ellos calificados como “pequeños”, los cuales no han logrado crecer o convertirse en una opción de triunfo.

Ese panorama se presta para un análisis amplio sobre la necesidad de mantener en el sistema a esas minorías, además de responder una pregunta fundamental: ¿cuáles son las posibilidades de que surja una fuerza política emergente que compita con los partidos tradicionales y logre el poder?

Muchas organizaciones pequeñas llevan un discurso de repudio a lo que consideran malas prácticas de los partidos que se turnan en el poder, pero llegados los procesos electorales firman alianzas con ellos. Tan solo tres acudieron con sus propios candidatos en el nivel presidencial en las elecciones del 5 de julio; los demás se aliaron alrededor del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Partido Revolucionario Moderno (PRM) y Partido Reformista Social Cristiano (PRSC).

Incluso País Posible, último en ser reconocido, firmó una alianza con el PRM en su primera experiencia electoral.

La explicación que ellos dan es simple: hay que subsistir. Si no logran mantener al menos una representación en el Congreso o en los ayuntamientos, pierden el reconocimiento. Así le pasó en julio pasado al Partido Demócrata Institucional (PDI) y a dos movimientos provinciales.

El ascenso al poder de partidos que vienen de abajo ya ocurrió en dos ocasiones en la historia dominicana reciente, la primera cuando el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ganó las elecciones en el 1996, 23 años después de su nacimiento, en opinión de la politóloga Rosario Espinal.

El PLD era la tercera fuerza política, al tiempo que los colosos Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) se disputaban el poder, gobernando ocho años el primero, y 22 el segundo.

El ejemplo más reciente, de acuerdo a Espinal, es el Partido Revolucionario Moderno (PRM), que logró ganar la presidencia y mayoría en elecciones legislativas y municipales, tan solo cinco años después de su fundación.

Esos dos eventos sólo fueron posibles en momentos muy especiales que favorecieron a esas fuerzas políticas. La tesis de Rosario Espinal es que los partidos pequeños “necesitan coyunturas que los favorezcan para poder subir”, ya que “el electorado es un número finito”.

Hay una cantidad determinada de personas dispuestas a votar en las elecciones, por lo que solamente el realineamiento electoral puede hacer posible que uno minoritario se haga mayoritario.

El PLD fue favorecido con una transfusión de votos reformistas, mientras el PRM se alimentó de la militancia del viejo PRD y un apoyo importante de la clase media, señala la analista. Asegura que, en general, toda democracia siempre tendrá una porción de la sociedad que se abstenga de votar, que podrá variar, pero muy poco.

Para el politólogo Henry Blanco, el problema es que estos partidos emergentes son tan tradicionales como los grandes en dos aspectos fundamentales: son maquinarias electorales que solo se activan para los comicios, y no se diferencian ideológicamente del resto.

Casi todos los partidos del sistema son de derecha o centro derecha, y proponen modelos de gobernar capitalista, neoliberal. Así que, ¿si los pequeños proponen lo mismo que los grandes, por qué votar por ellos?

“Hasta que en el escenario político no aparezca una fuerza que se identifique con nuevas ideas y programas de gobernanza con una definición ideológica clara, solo tendremos partidos bisagras”, augura Blanco.

Una prueba de ello sería que, pese a la diversidad de partidos con representación en el Congreso Nacional, no ha sido posible aprobar el Código Penal con las tres excepciones del aborto, la cual, agrega, es una posición liberal y de izquierda, que se enmarca dentro de la social democracia.

Aparte de la no distinción ideológica, Rosario Espinal cree que esos partidos minúsculos nunca han crecido y nunca lo harán porque son propiedad privada de alguna persona o familia, que los usan para hacer alianzas en procura de su supervivencia.

“La democracia necesita dos o tres partidos que puedan competir electoralmente y, de vez en cuando, en la historia surgirán otros. Pero mantener constantemente a 25 partidos no tiene nada que ver con la democracia”, afirma.

Varios de los dirigentes de esas organizaciones políticas se autodenominan conservadores, pero consideran que se diferencian en su discurso medioambientalista, cristiano, moralista, nacionalista, humanista, anticlientelar, anticorrupción, provida u otros.

¿Por qué no la izquierda?

Una de las razones por las que la izquierda no ha sido una alternativa en el país es porque ha habido un sistema de partido fuerte del centro o conservadores, según Rosario Espinal. Bajo esta lógica, mientras el sistema de partidos sea sólido y funcione, las nuevas alternativas políticas, incluyendo figuras carismáticas o antisistémicas, tendrán poca cabida.

Social democracia es la definición ideológica asumida por el PRM, el PRD y otros partidos de manera formal, la cual pretende los fines igualitarios del socialismo por métodos democráticos, en una economía capitalista.

Los politólogos afirman que, en la práctica, todos esos partidos abandonaron sus convicciones de izquierda, y los movimientos que son puramente izquierdistas no participan en procesos electorales.

Cuestión de dinero

Todo el problema es cuestión de recursos económicos, según varios dirigentes de pequeños partidos. Entienden que la política se ha vuelto cada vez más cara, y la ley distribuye inequitativamente los fondos estatales, beneficiando a los partidos grandes.

El secretario general de la Unión Demócrata Cristiana (UDC), Leonardo Suero, dice que se ven obligados a cerrar sus locales y parar el proselitismo cuando pasan las elecciones, debido a la falta de recursos, aparte de que la militancia no paga cuotas.

También ven discriminación en la oportunidad de debatir sus propuestas, que en algunas iniciativas sociales y empresariales solo se les da a los candidatos de partidos numerosos.

Juan Cohen, presidente del Partido Nacional Voluntad Ciudadana (PNVC), opina: “Aquí ha faltado mucha conciencia nacional”, además de que se ha desarrollado un modelo clientelar. Si ningún partido tuviera dinero, surgieran las ideas y se diera el debate de propuestas.

Choque de egos

Los intentos por juntar a todos o a la mayoría de pequeños partidos para conformar grandes bloques que presenten una alternativa al electorado han fracasado, aunque sí ha sido posible formar pequeñas coaliciones que lograron pobres resultados en las votaciones.

El presidente del Partido Verde, Antolín Polanco, narra que, en su experiencia intentando constituir bloques, todos quieren ser los candidatos, porque “se creen grandes líderes”. Dice que lo han intentado muchas veces, pero no ha habido forma.

“Tan sencillo como que todos preferimos ser cabeza de ratón y no cola de león”, admite el dirigente Leonardo Suero. Lo que siempre pasa es que los acuerdos se concretizan en su primera fase, pero en la medida que se acerca el proceso electoral, los líderes políticos abandonan el proyecto, relata Suero.

Estos dirigentes cifran sus esperanzas de crecimiento en que un desgaste de los partidos mayoritarios, les abra camino para presentarse como una opción diferente.

La Junta Central Electoral (JCE), órgano encargado de distribuir la contribución económica del Estado dominicano a los partidos, repartirá RD$100.8 millones entre 18 organizaciones que no alcanzaron el 1%, en un promedio de las votaciones obtenidas en los niveles presidencial, senatorial y diputacional.

Ese monto corresponde al 8% de los RD$1,260.4 millones presupuestados para los 25 que conservaron el reconocimiento. Otro 12% corresponde a cinco partidos que quedaron entre el 1% y el 5% en los comicios, unos RD$151.2 millones, mientras el PRM y PLD se quedarán con el 80%, ascendente a RD$1,008.3 millones.