La oposición israelí, a un paso de expulsar a Benjamin Netanyahu del poder

Oriente Próximo

Actualizado Domingo,
30
mayo
2021

19:14

Egipto e Israel intensifican contactos para apuntalar la tregua con Hamas

Sameh Shoukry (dcha.) Y Gabi Ashkenazi, hoy, en El Cairo.
Sameh Shoukry (dcha.) Y Gabi Ashkenazi, hoy, en El Cairo.AP

La calma con la que recibió Benjamin Netanyahu este sábado al jefe del servicio de Inteligencia de Egipto, Abbas Kamel, para apuntalar la frágil tregua con Hamas contrasta con la ira y angustia apreciadas en sus últimos videos, rogando al conservador Naftali Bennett a que no pacte con el líder centrista Yair Lapid una coalición con partidos de centro e izquierda. Bennett ya ha dicho estar dispuesto a cruzar el Rubicón pese a la fuerte oposición en la derecha y especialmente del Likud. El acuerdo le convertirá -pese a contar solo seis escaños a favor de su partido- en primer ministro en los próximos dos años, para luego dar el relevo a Lapid. Para evitarlo, Netanyahu intensificó su presión y ofreció a Bennett y a otro líder conservador Gideon Saar una triple rotación en la jefatura de Gobierno.

Lapid, que tiene hasta la medianoche del miércoles para formar Gobierno, espera completar su misión y echar a Netanyahu del poder tras 12 años seguidos. Nunca estuvo tan cerca.

Al mismo tiempo que Gabi Ashkenazi viajaba esta mañana a El Cairo en la primera visita oficial de un ministro de Exteriores israelí a la capital egipcia desde 2008, el avión de Abbas Kamel hacía el trayecto contrario para iniciar una ronda de contactos en Jerusalén, Ramala y Gaza. El objetivo de ambos vuelos es apuntalar la tregua en la tierra entre Israel y el grupo islamista Hamas que, desde su inicio a las 2 de la mañana del pasado viernes 21 de mayo, respetan bajo una base «recíproca y sin condiciones» tan frágil que puede romperse por ejemplo con un globo explosivo lanzado desde Gaza contra el sur de Israel.

La peor escalada desde el 2014 y sobre todo la posterior tregua han reforzado el papel mediador de Egipto y la cooperación de su presidente Abdelfatah al Sisi con Israel. Como premio ‘extra’, el rais egipcio ha recibido la llave de acceso a la puerta principal de la Casa Blanca que creía cerrada con el relevo de inquilino el pasado 20 de enero.

Ashkenazi y su homólogo egipcio Sameh Shoukry abordaron la Hoja de Ruta del alto el fuego y de la reconstrucción del enclave palestino controlado por Hamas tras 11 días de bombardeos. Israel, Egipto y EEUU quieren que un mecanismo internacional y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) presidida por Abu Mazen canalicen la ayuda a Gaza, mientras Hamas aclaró al secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, en su reciente visita que «no se meta en cómo solucionamos los problemas internos».

Antes de reunirse esta tarde con Abu Mazen y viajar mañana a Gaza, Kamel mantuvo un encuentro con el primer ministro israelí para asegurarse que el fuego no se encienda de nuevo. «Uno de los temas que trataron fueron los mecanismos para evitar que Hamas se rearme y se haga con los recursos enviados a la población civil», comunicó el gabinete de Netanyahu, que hizo una pausa en su frenética jornada política destinada a abortar la formación de un Gobierno alternativo que hoy parece más real que nunca.

Tras prometer una ayuda de 500 millones de dólares para Gaza, Catar afirma que no tiene objeciones en que Hamas siga supervisando la asistencia, tal y como hace en los últimos años. «Lo que nos importa es obtener el resultado deseado. Nosotros no perdemos el tiempo ni nos ocupamos en el cambio del mecanismo de transferencia del dinero», declaró el ministro de Exteriores de Catar, el jeque Mohammed bin Abdulrahman al-Thani. El emirato ayuda económicamente a los más necesitados en Gaza y al régimen de Hamas al tiempo que alberga a su liderazgo en Doha. Aunque es Irán el gran paraguas político, armado y económico de las milicias de Gazay, incluyendo el duelo bélico contra su enemigo común, tal y como se desprende de las informaciones de medios afines al grupo libanés Hizbulá y de las declaraciones de portavoces de Hamas y Yihad Islámica.

Israel condiciona la reconstrucción de Gaza a gran escala a que Hamas no se rearme y a la entrega de Avera Mengistu y Hisham Sayed, dos civiles israelíes con problemas mentales que llegaron por error y voluntad propia a Gaza, y los cadáveres de los soldados Hadar Goldin y Oron Shaul, muertos en la guerra del 2014. Hamas exige un canje de presos palestinos desconectándolo de la tregua.

Más allá de los 254 muertos, entre ellos 66 niños, y 1.900 heridos, Gaza ha sufrido la destrucción parcial o completa de miles de casas. Mientras los gazatíes han llenado su playa en los últimos días, saboreando la calma tras la ofensiva aérea israelí más intensa que recuerdan, el brazo armado de Hamas celebra desfiles en las calles exhibiendo proyectiles y milicianos. Tras dos semanas en un búnker, el líder de Hamas, Yahya Sinwar, apareció en diversos actos públicos retando a Israel a que cumpla su promesa de acabar con él («morir como mártir sería el mejor regalo»).

Desde sus proyectiles contra Jerusalén el pasado 10 de mayo dando inicio a la escalada, Hamas avisa que la fórmula ha cambiado y que responderá a lo que suceda en el barrio de Sheij Jarrah (plan de evacuación de varias familias palestinas de acuerdo a sentencia judicial) y la mezquita Al Aqsa. «Todas las partes entendieron que esta campaña se creó por Jerusalén», proclama el líder islamista Ismail Haniyah en un mensaje reforzado hace unos días por el dirigente de Hizbulá, Hassan Nasralá.

Israel, donde murieron 12 personas, entre ellas dos niños, y 400 resultaron heridas, avisó de que Sinwar y el líder del brazo armado, Mohamed Deif, siguen siendo «objetivo legítimos» de sus misiles. El dirigente de Yihad, Ziad Najaleh, advierte: «Avisamos al enemigo. A todo ataque contra nuestros luchadores y oficiales, reaccionaremos de forma directa con un bombardeo de vuestra capital Tel Aviv».

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