La importancia de llamar a las cosas por su nombre

Las cosas por su nombre. Como decían Foucault y Steiner lo que no se nombra no existe. Por ello, es tan importante el lenguaje a la hora de visibilizar, formar e informar sobre cuestiones que sabemos que ocurren (como las muertes gestacionales, perinatales o neonatales o el suicidio) pero que están silenciadas, tabutizadas o estigmatizadas.

Hay una imagen que se viralizó en redes sociales de una biblioteca que tiene un cartel en su entrada con la localización de los temas por lo que nadie se atreve a preguntar, pero en los que la gente está interesada y de los que quiere saber. Podemos inferir que esto sucede porque existe algún tipo de estigma o de vergüenza sobre ellos.

Las cosas por su nombre

Las temáticas abordadas en esta biblioteca son las siguientes: aborto, abuso, alcohol, ansiedad, quiebra, cambios corporales, acoso escolar, cáncer, custodia de menores, autolesiones, depresión, divorcio, drogas, desórdenes alimenticios, VIH-SIDA, infertilidad, LGBTIQ, pérdida de un bebé, pérdida de un familiar, trastorno mental, aborto espontáneo,

estrés post-traumático, embarazo, violación, autoestima, sexo, Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) y suicidio. Si nos fijamos, de los 28 temas muchos están relacionados directamente o indirectamente con los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Definimos derechos como las garantías que tenemos las personas por el hecho de ser personas y de vivir en sociedad. Teniendo esto en cuanta, ¿cómo es posible que unos derechos, los de las mujeres, estén en la lista de temas que nadie nombra? ¿Por qué no se nombran?
Hablamos de aborto, abuso, ansiedad, custodia, depresión, infertilidad, pérdida de un hijo, salud mental, aborto espontáneo, embarazo, violación. Podríamos añadir alguno más como: violencia obstétrica, duelo perinatal o parto.

Una vez que nombremos a las cosas por su nombre habría que analizar qué se puede mejorar en los sistemas sanitarios para que el estigma y el tabú que acompañan a estas realidades desaparezcan, y con ellos, la culpa y la vergüenza que acompañan a las personas afectadas. Un ejemplo. No se sabe, pero hay bebés que mueren a lo largo del embarazo, parto o a las pocas horas o días de nacer. Es una realidad conocida por un una de cada cuatro familias, es decir, el 25% de las que se han quedado embarazadas alguna vez.
¿Cómo puede ser que siendo una realidad con una incidencia tan alta esté silenciada, escondida e invisibilizada?

Las cosas por su nombre

Nerea Azkona
Antropóloga. Educadora e investigadora social

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