“La deserción parece ser ahora de los docentes”

En el ámbito educativo hablamos de deserción escolar cuando los estudiantes abandonan de forma prematura los estudios, antes de haber obtenido la titulación que les otorga la finalización formal de los mismos.

Las razones por las que ocurre no son sencillas, ni únicas, generalmente se relacionan a  un conjunto de causas sociales, culturales y económicas que confluyen para que los estudiantes abandonen la escuela y se dediquen a otra cosa. La deserción no se da simplemente porque las personas no quieren estudiar, sino que es un fenómeno complejo que delata otras razones más profundas en la sociedad.

Las terribles consecuencias que para todo país ocasiona el que sus estudiantes abandonen la escuela, en términos de su desarrollo cultural, profesional y de cualquier otra índole, ha sido motor para importantes y numerosas iniciativas nacionales e internacionales dedicadas a combatirla.

Sin embargo, del tipo de deserción al que quiero referirme en ese artículo, no es a la anteriormente descrita. Se trata de una conversación entre colegas, bastante interesante, que he querido compartirles solo por considerar “curiosos” algunos comentarios e interesantes para prestarles atención.

Básicamente el tema central advertía que quienes están desertando de las escuelas, a una velocidad alarmante, son los docentes. “Los docentes están abandonando su oficio para dedicarse a otra cosa. Están desmotivados”.

Tratando de recopilar los argumentos puestos en común, puedo asegurarles que todos los colegas coincidieron en que “el gran cambio de actitud” tuvo como detonante las experiencias de trabajo llevadas a cabo en medio de la crisis sanitaria provocada por la pandemia del Covid-19.

Y aquí colocaré algunas:

-Pareciera que a pesar del caos de la virtualidad, los docentes encontraron también allí otras ventajas que acomodaron un poco su trajinar: trabajar desde casa, menos horas, con menos presión, a veces solo con algunas instrucciones por whatsapp y seguimientos muy puntuales y esporádicos, en una gran parte de los casos. Menos exigencias en cuanto a la entrega de planificaciones, evaluaciones, actividades, portafolios, producciones, exposiciones, actos, reuniones, entre otros.

-Prácticamente fue imposible dar seguimiento personalizado a los estudiantes. El que aprendió, aprendió;  el que no… Al final, nadie reprobó.

-Tanto estudiantes como docentes, tenían buenas excusas para justificar sus descuidos, incumplimientos o inasistencias. No se podrían poner en dudas las excusas relacionadas a: la falta de energía eléctrica, los materiales, el internet, síntomas de Covid-19 o no tener disponibilidad de equipos.

De forma paralela, y mientras más avanzaba la ciencia con el manejo del virus y los procesos de vacunación, la escuela dominicana (especialmente la pública), continuó intrépida e indetenible en una quijotesca estampida hacia alguna parte, a la que pienso nunca lograremos conocer verdaderamente hacia dónde nos llevó. Aunque creo que eso a pocos le importa.

Puesto esto sobre la mesa, y sin dejar de mencionar las nuevas competencias tecnológicas que requieren tener TODOS los docentes, con cada vez más aplicaciones por aprender y pedagogías por incorporar. Los problemas con el concurso de oposición (que se han hecho famosos supuestamente por lo difíciles que son), el cambio de autoridades, la dificultad para los nombramientos, las promesas de sueldos nuevos, mejores condiciones de infraestructura, equipos de trabajo y otros beneficios. Junto a la inestabilidad de “si virtual o presencial, si ahora sí y ahora no”…aparentemente ha provocado que muchos docentes se hayan movido hacia otras experiencias de trabajo.

La tan deseada “vuelta a la presencialidad” en este inicio de año escolar, les va a exigir mucho más que antes. Además de unos anuncios por ahí de formatos híbridos, que van a suponer el doble de trabajo.

Dicen las lenguas viperinas que de los mejores quedan pocos. Persisten los que están detrás de su pensión por tiempo o enfermedad. Y que la ley que se aplica es “la del mínimo esfuerzo”. El entusiasmo, la alegría, los proyectos, los actos culturales y artísticos, las comunidades de aprendizaje y los padres haciendo equipo, es cosa de libros viejos de esos con portadas en pasta.

La conversa terminó con una pregunta fantasmagórica ¿y cómo van las facultades de Educación en las universidades del país?

Como la reunión era en mi casa, simplemente, abrí la puerta. Todos entendieron.

 

Dra. Ed. Emelinda Padilla Faneytt
La autora es especialista en Educación, investigadora y consultora educativa. Directora de la Red Explora para el Desarrollo Educativo (Red-E).
IG: redexplorard
FB: Red Explora

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