Joe Biden reconoce la matanza de afroamericanos de Tulsa 100 años después con una visita a la ciudad

Actualizado Martes,
1
junio
2021

21:12

El presidente se reúne con los supervivientes de la masacre y anuncia una serie de medidas para favorecer el desarrollo económico de las minorías en EEUU

El presidente Joe Biden a su llegada a Tulsa.
El presidente Joe Biden a su llegada a Tulsa.REUTERS

Probablemente, de no haber sido por las protestas, a menudo acompañadas de actos vandálicos y saqueos, desencadenadas tras la muerte de George Floyd, hace un año, el centenario de lo que en Estados Unidos se denomina caritativamente como «los disturbios raciales de Tulsa» habrían pasado desapercibidos.

Sin embargo, EEUU vive un momento de tensión en sus relaciones raciales, y hoy el presidente Joe Biden hizo algo excepcional: viajó a la ciudad de Tulsa, en el estado de Oklahoma, se reunió con los supervivientes de la matanza, y anunció una serie de medidas para favorecer el desarrollo económico de las minorías en EEUU. Esas medidas incluyen dar prioridad a las empresas propiedad de grupos étnicos minoritarios en la concesión de contratos públicos, dar créditos a fondo perdido para favorecer el desarrollo de servicios e infraestructuras en esas comunidades, que a menudo están aisladas por la falta de medios de comunicación y la ausencia de transporte público. Son decisiones con las que Biden espera reforzar su apoyo entre el electorado afroamericano, que votaron mayoritariamente por él, en un país en el que, cada día más, el Partido Republicano es el de los blancos, y el demócrata el de las minorías. Unas minorías que en algunos casos -negros- están marginadas económicamente, en otros -asiáticos- políticamente, y en algunos más -hispanos e indígenas- las dos cosas.

Ésa es una consecuencia de los «disturbios» de Tulsa. Aunque aplicar la palabra «disturbio» a Tulsa en 1921 es impreciso. Lo que se produjo en esa ciudad en 1921 fue en realidad un pogromo en el sentido estricto de la palabra, en el que varios cientos de negros fueron cazados como animales en la ciudad de Tulsa, en Oklahoma. Fue más una guerra de exterminio que un linchamiento en masa. Al menos ocho de los quince aviones del aeródromo local fueron empleados, primero para identificar dónde había negros, y después para arrojar bombas incendiarias sobre las casas. Así es como se destruyó el barrio de Greenwood, el llamado ‘Wall Street negro’ de Tulsa: un área en la que los descendientes de los esclavos estaban alcanzando un considerable grado de prosperidad.

Las propiedades se perdieron. No hubo indemnizaciones ni seguros. Y, como consecuencia, el camino hacia la prosperidad del barrio desapareció. Así lo recordaba esta semana en la revista financiera Barron’s John Rogers, que en 1983 se convirtió en la primera persona de una minoría racial -negro, hispano, asiático o indígena- en fundar una gestora de fondos de inversión en Wall Street, Ariele Investments, que en la actualidad tiene 15.000 millones de dólares (12.250 millones de euros) en activos.

El bisabuelo materno de Rogers se llamaba J.B. Stradford, y no solo era el primer miembro de su familia que había nacido como una persona libre, sino, también, el dueño del mayor hotel propiedad de un negro en Estados Unidos, el Hotel Stradford, de tres plantas y 54 habitaciones, situado en el número 301 Norte de la Avenida Greenwod, en pleno centro de la masacre. El 31 de mayo, durante el primer día de la matanza, Stradford logró defender el edificio acompañado de dos afroamericanos armados. El 1 de junio, el hotel fue atacado por una avioneta, y una turbamulta le prendió fuego. No quedaron ni los cimientos. Sus otros 15 inmuebles en Greenwood también ardieron. Stradford pasó de ser el negro más rico de Tulsa a no tener nada.

Esa pauta de empobrecimiento es una constante en la historia de las minorías en EEUU. En muchos casos, la ausencia de títulos de propiedad legalmente reconocidos, ha hecho que los miembros de estos grupos vayan siendo progresivamente privados de sus activos. Es algo que sigue sucediendo hoy en áreas como la costa de Carolina del Sur y Georgia, una región en la que los descendientes de los esclavos vivieron de manera prácticamente independiente durante un siglo, hasta el punto de que mantienen palabras africanas, pero que en la actualidad está viviendo un ‘boom’ inmobiliario. Las personas de nivel sociocultural bajo no tienen títulos de propiedad y, cuando los poseen, son defectuosos, o no definen bien los límites de las parcelas, o a los herederos. Todos esos factores hacen que sea relativamente fácil para un promotor hacerse con un terreno a un precio muy inferior al de mercado.

De hecho, mientras tenía lugar la matanza de Tulsa, a menos de 100 kilómetros de distancia, en la Reserva de la tribu india Osage, se producía una todavía mayor: el asesinato y desaparición de cientos de personas de esa comunidad para arrebatarles sus pozos de petróleo. Sus títulos de propiedad fueron para blancos. El petróleo de Oklahoma no ha vuelto a pertenecer a los indígenas. Igual que el hotel de J.B. Stradford.

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