En las entrañas de Huawei, el coloso tecnológico chino en la diana de EEUU

SHENZHEN. Unas blancas estanterías móviles que se abren despacio y automáticamente, como una cámara acorazada, ante los ojos del periodista, esconden uno de los tesoros mejor guardados de Huawei: la documentación de los más de 121.000 empleados que ostentan la propiedad de la compañía.

El mayor fabricante del mundo de equipos de telecomunicaciones, convertido en enemigo público número uno de Estados Unidos en su batalla por impedir el desarrollo tecnológico de China, guarda como oro en paño los títulos accionariales de sus trabajadores.

Esa propiedad colectiva -inédita en el mundo en una empresa tecnológica de su tamaño- ha sido la que le ha permitido financiarse, invertir gran parte de sus beneficios en investigación e incentivar a sus ingenieros.

El doble de accionistas en diez años

El fundador y actual consejero delegado de Huawei, Ren Zhengfei, controla el 0,9 por ciento de las acciones de la empresa, mientras que el 99 por ciento restante se reparte entre más de la mitad de los 200.000 trabajadores de la compañía en todo el mundo.

El Plan de Propiedad de Acciones para Empleados (Employee Stock Ownership Plan o ESOP, por sus siglas en inglés) fue lanzado por Huawei en 1990 y no ha dejado de crecer desde entonces.

De hecho, en los últimos diez años, el número de empleados accionistas se ha doblado. Nadie que no pertenezca a la compañía puede poseer sus acciones, a las que solo tienen acceso los empleados.

Huawei no cotiza en bolsa, lo que la expone menos a los vaivenes especulativos del mercado y a la presión de obtener dividendos a corto plazo.

‘Los inversores externos quieren maximizar los beneficios, por lo que, si los permitiéramos, no podríamos invertir tanto en investigación y desarrollo, lo que es crucial para nuestra competitividad’, explica a Efe Hou Linlin, directora del departamento de gestión de acciones.

Hou exhibe con celo y pudor los ‘tesoros’ de las acorazadas estanterías, que custodia en una casa de campo del enorme cuartel general de la empresa en la ciudad suroriental de Shenzhen, el ‘Silicon Valley’ chino.

Entre ellos y junto a las de miles de anónimos accionistas, el acta que certifica los títulos del fundador de la empresa y también las de dos de sus hijos: Meng Wangzhou, directora financiera, y Ren Ping, responsable de una empresa filial, ambos con una participación menor a la de su padre.

Los empleados con acciones, a razón de un voto por cada una de ellas, eligen a un Comité de Representantes, integrado por 115 miembros, que a su vez designa a las juntas directiva y supervisora de la compañía.

De acuerdo con el Centro Nacional para la Propiedad Corporativa de los Empleados (NCEO) de EEUU, la propiedad de los trabajadores en Huawei es ‘auténtica’, lo que la diferencia de la mayoría de empresas privadas chinas, que la concentran en muy pocas manos.

No obstante, Ren mantiene el derecho de veto sobre las decisiones de la junta directiva y su núcleo familiar ocupa altos cargos en la compañía o sus subsidiarias.

Diversificación del negocio ante el veto al suministro de chips

Las sanciones de Estados Unidos al gigante tecnológico chino -que en 2014 desplazó a Ericsson en el liderazgo mundial de las telecomunicaciones y en 2018 se convirtió en el segundo mayor fabricante de móviles del planeta- le han causado un tremendo impacto.

Especialmente desde el pasado septiembre, cuando Washington prohibió a los fabricantes de semiconductores globales comerciar con Huawei si usaban algún producto estadounidense.

Meses antes, la Administración Trump la había considerado una ‘amenaza para la seguridad nacional’ y presiona desde entonces a sus aliados para que la firma china no participe en la construcción de sus futuras redes 5G.

Ante esta situación, Huawei se ha volcado en diversificar sus actividades en sectores como la conducción autónoma, la inteligencia artificial, la aplicación industrial del 5G y el 6G -que llegará después- o el Internet de las Cosas (IoT).

Permanente inversión en I+D por encima del 10 %

La inversión sostenida en I+D, que la propiedad colectiva permite mantener en ciclos poco favorables o de recesión, supone una baza a su favor para explorar los más diversos negocios.

Desde su fundación, la compañía invierte más del 10 % de sus ingresos en investigación y desarrollo, un campo en el que trabajan cerca de 96.000 de sus empleados, casi la mitad de la plantilla.

Más de 25.000 de los ingenieros y científicos que crean su liderazgo mundial en patentes trabajan en la ‘pequeña Europa’, un enorme campus de investigación cerca de Shenzhen, dividido en ‘ciudades’ que imitan a otras europeas como París, Budapest, Verona, Heidelberg o Granada.

Aunque muchos han pronosticado incluso su hundimiento tras los ataques de EEUU, la resiliencia de Huawei -cuyos beneficios se prevé que suban ligeramente- continúa sorprendiendo a propios y extraños.