El hartazgo en Francia amenaza la efectividad de las nuevas restricciones

El creciente hartazgo de una parte de la población en Francia, que desafía abiertamente las reglas para evitar contagios, amenaza la estrategia del Gobierno de Emmanuel Macron que acaba de endurecer las restricciones para evitar el colapso de las ucis por el repunte epidémico.

Las imágenes de la fiesta de carnaval en la que participaron unas 6.500 personas en el centro de Marsella, la inmensa mayoría sin mascarilla y sin ninguna distancia, eran este lunes el símbolo de esas dificultades para un Ejecutivo que se ve atacado por el galimatías en la puesta en marcha administrativa de esas restricciones y por su gestión de la vacunación.

La fiesta ilegal del domingo en Marsella, que degeneró en destrozos de mobiliario urbano y ataques contra los policías que impusieron varias decenas de multas por incumplir las normas anticovid, dio lugar al arresto de nueve personas.

‘INACEPTABLE’ FESTEJO ILEGAL

El Ministerio de Interior, que consideró lo ocurrido ‘totalmente inaceptable’, aseguró que habrá consecuencias judiciales. Para el jefe de la UCI del Hospital Norte de Marsella, Laurent Papazian, la preocupación es que el carnaval va a aumentar el número de infecciones y de posibles internamientos.

El episodio de Marsella no fue el único. En Annecy (sureste), un millar de personas se reunieron, también en su inmensa mayoría sin mascarillas, en una marcha autorizada para protestar contra lo que en una de sus pancartas calificaban de ‘dictadura sanitaria’.

Desde el sábado, 16 departamentos franceses con una alta tasa de incidencia -incluidos los de la región de París- en los que vive casi un tercio de la población, han entrado en un tercer confinamiento suave.

Ese mismo día, el gabinete del primer ministro tuvo que anunciar que renunciaba a imponer el justificante telemático que había diseñado para todos los que salieran de su domicilio, al que le llovieron rápidamente las críticas por su enorme complejidad.

Ante la suavidad del nuevo confinamiento, algunas de las zonas favoritas de París vivieron aglomeraciones de personas que aprovechaban el buen tiempo para salir, como se vio en las gradas de la basílica del Sacre Coeur o en las orillas del canal de Saint-Martin.

Una encuesta del instituto demoscópico Odoxa ponía en evidencia que un 47 % de los habitantes de esos 16 departamentos asumían abiertamente que van a incumplir al menos en parte las nuevas reglas.

Y todo eso en un contexto sanitario que no deja de empeorar. En la última semana, el número de contagios diarios en Francia, donde ya han muerto más de 92.100 personas por la pandemia, ha superado de media el listón de los 30.000.

EJÉRCITO Y BOMBEROS, MOVILIZADOS PARA LA VACUNACIÓN

Frente a la acumulación de malas noticias en varios frentes, el discurso del ministro de Sanidad, Olivier Véran, se centró en la que es la gran esperanza para superar la situación: las vacunas. Dijo que el Ejército y los bomberos se están movilizando para poner en pie ‘al menos 35’ grandes centros de vacunación.

Véran aseguró que todos los servicios públicos están ‘listos para que a medida que las vacunas lleguen a Francia se les pongan a los franceses’ y pidió a los franceses que restrinjan las reuniones en espacios cerrados, pero que aprovechen la llegada de la primavera para salir más a espacios exteriores porque ‘es bueno para la salud física y para la salud moral’.

Su objetivo a corto plazo es pasar el umbral de los diez millones de personas que hayan recibido al menos una dosis para mediados de abril, frente a los poco más de 6,1 millones por ahora.

El responsable de la campaña de vacunación, Alain Fischer, espera que el país podrá volver a una vida normal en verano o en otoño, asumiendo que ‘hará falta un cierto tiempo’ para reducir la circulación del virus.

Toda la oposición, de la extrema izquierda a la extrema derecha, reclama una aceleración de la cadencia de la vacunación.

Mientras tanto, la ministra de Trabajo, Elisabeth Borne, lleva hospitalizada desde la semana pasada por la covid, aunque su departamento insiste en que su estado va mejorando.

Otro positivo y con ‘síntomas respiratorios’ es el de la ministra de Cultura, Roselyne Bachelot, que con 75 años es la más veterana del gabinete, mientras la secretaria de Estado de Industria, Agnès Pannier-Runacher, se ha tenido que aislar por ser caso contacto. EFE