De recolectores a sedentarios obesos

Cada 12 años incrementa 1000 millones de personas en el mundo, para el año 2100 seremos 12,000 millones de habitantes en la Tierra (1), ante esto surge la duda ¿estamos preparados para enfrentar la demanda agroalimentaria sin perjudicar nuestros recursos? Tal vez para algunas personas no sea tan evidente, sin embargo, diversos artículos científicos, noticias y videos nos muestran que el planeta tiene un problema: el insostenible modelo de consumo que el ser humano empezó a desarrollar a partir de la II Guerra Mundial, fue a partir de esta etapa que se aceleró la destrucción de los ecosistemas, pero ¿Cuál fue el punto de partida en el que los humanos comenzamos a dominar las tierras y animales? ¿cómo evolucionó nuestra alimentación? ¿era mejor o peor que ahora? ¿podemos hacer algo para enfrentar la demanda alimentaria?

Para explicarlo habrá que remontarnos en el nacimiento de la agricultura, hace unos 12, 000 años, donde comenzó la domesticación de cereales como el sorgo, la cebada, el trigo, el maíz y el arroz, convirtiéndose en un suministro esencial y abundante para la alimentación, además favoreció a la seguridad alimentaria de las familias y a la par las mujeres de los agricultores comenzaron a tener hijos muy seguido: uno cada 2,5 años, en lugar de cada 3,5 como los cazadores-recolectores (2). La consecuencia fue un evidente crecimiento poblacional, en poco tiempo, los agricultores superaban en número a los cazadores-recolectores. Años más tarde, el cambio en la obtención y procesamiento del alimento influido por el surgimiento de nuevas tecnologías, hicieron que la producción alimentaria se industrializará con la finalidad de ser más accesible para la población, asimismo, aumentaron los ingresos del consumidor para la obtención de alimentos y se mejoraron los servicios públicos que en conjunto con los avances médicos disminuyeron las enfermedades infecciosas y mejoraron los tratamientos de enfermedades letales (1). Por lo tanto, la transición de ser recolector-cazador a agricultor, de nómada a sedentario y los avances tecnológicos evolucionaron la forma de alimentarnos (Figura 1).

Figura 1. Transición alimentaria. Nota. Elaboración propia con información de Chrispeels y Sadava, 2002(1); Martínez-Carrera y Ramírez Juárez, 2016(4).

Las dietas actuales no se parecen en nada a lo que consumía hace 12,000 años (Figura 2), son tan distintas que ahora nos enfrentamos a una sindemia global compuesta de tres pandemias: obesidad, desnutrición y cambio climático. Resolver esta problemática requiere de la colaboración de todos los actores, incluidos los ciudadanos, los Gobiernos y los agentes económicos, ya lo decía Francesco Branca, director del departamento de Nutrición para la Salud y Desarrollo de la OMS y miembro de la comisión EAT-Lancet- “Se necesitan herramientas como los incentivos económicos, o la eliminación de estos incentivos para tener mejores opciones de alimentos,  así como información clara para los consumidores (…) También, los gobiernos deben realizar cambios en las inversiones públicas en investigación e infraestructuras y en las subvenciones a los agricultores,  aprobar regulaciones sobre el uso de la tierra, el agua y los fertilizantes con la finalidad de frenar la destrucción de los ecosistemas” (3).

Figura 2. La evolución de la dieta. Fila superior: caracoles, sardinas y habas (Creta, Grecia); naan en té salado con leche de yak (Afganistán); fritura de hojas de geranio (Creta, Grecia); cangrejo cocido (Malaysia). Fila central: sopa de orejones (Pakistán); plátano hervido (Bolivia); impala a la parrilla (Tanzania; plato y cuchillo del fotógrafo); bulgur con huevos cocidos y perejil (Tadzhikistán). Fila inferior: remolacha al natural con naranja (Creta, Grecia); ensalada de patata cocida, tomate y habas con aceite de oliva (Creta, Grecia); arroz con mantequilla de yak fundida (Afganistán); perdiz nival cocida (Groenlandia). Fotos: Matthieu Paley

Tal vez después de leer la opinión de Branca, pienses que es una propuesta utópica o incluso lenta en aplicarse y ver resultados porque está llena de procesos burocráticos o de intereses políticos y económicos, lo que sí está a nuestro alcance es cambiar nuestros hábitos de consumo, desde la comida, la ropa, el coche, los dispositivos electrónicos y un largo etcétera que esta impactando negativamente al planeta. Los ejemplos anteriores tienen en común la desvinculación entre el origen y el producto final, en el caso de la alimentación, cuando comemos no pensamos en cómo podemos estar contribuyendo al cambio climático, tal vez tampoco valoramos si estamos en una situación privilegiada con acceso a diversos alimentos, ni mucho menos pensamos en las condiciones de vida de los trabajadores del sector alimentario, el sufrimiento de los animales de granjas industriales o de los ecosistemas destruidos.  Afortunadamente existe la publicidad para maquillar la conexión entre alimento y origen, de tal forma que podemos comer sin remordimiento y sin cuestionarnos estos aspectos tan cotidianos ¿Un poco cínico, no crees?

Referencias

  1. Chrispeels, M., Sadava, D. 2002. Human Population Growth: Lessons from Demography. En: Plants, Genes and Agriculture. Jones and Bartlett Publishers. pp. 1-24.
  2. National Geographic. (11 de octubre de 2017). La evolución de la dieta: el futuro de la alimentación. https://www.nationalgeographic.com.es/mundo-ng/grandes-reportajes/la-evolucion-de-la-dieta_8454
  3. El País. (17 de enero de 2019). La dieta perfecta para salvar el planeta y la salud del ser humano. https://elpais.com/sociedad/2019/01/16/actualidad/1547667687_190434.html
  4. Martínez-Carrera, D. y J. Ramírez Juárez (Eds.). 2016. Ciencia, Tecnología e Innovación en el Sistema Agroalimentario de México. Editorial del Colegio de Postgraduados-AMC-CONACYT-UPAEP-IMINAP, San Luis Huexotla, Texcoco, México. pp. 856.

 

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