Acuerdo de Gobierno en Israel para echar a Netanyahu tras 12 años de poder

Actualizado Miércoles,
2
junio
2021

22:31

El dirigente centrista Yair Lapid y el derechista Naftali Bennett encabezarán la coalición más heterogénea en la historia de Israel, que aún debe ser votada en la investidura, para echar a ‘Bibi’

Naftali Bennett y Yair Lapid.
Naftali Bennett y Yair Lapid.AP

Como reflejo del enorme drama político en Israel, el líder centrista Yair Lapid anunció la formación de Gobierno solo 35 minutos antes de expirar su mandato. Las arduas y casi imposibles negociaciones del líder de Yesh Atid con siete partidos (pertenecientes a la izquierda, derecha, centro y uno árabe) han dado paso al acuerdo de una coalición tan inusual como el efecto que puede causar: la marcha de Benjamin Netanyahu del poder tras 12 años ininterrumpidos en un país en el que los niños no conocen otra persona ocupando el cargo de primer ministro.

Con todo, hasta la investidura prevista el próximo 14 de junio, el Likud intensificará la presión para cambiar el voto de algunos diputados del pequeño partido derechista Yamina cuyo líder Naftali Bennett encabezará el Gobierno los primeros dos años antes de dar el relevo a Lapid.

El parto de la coalición fue tan complejo que amenazó con evitar el nacimiento de la criatura concebida por Lapid, que debía comunicar el anuncio al presidente Reuven Rivlin. Éste, al mediodía y sin tanto suspense, conoció quién será su sucesor. Con el voto de 87 diputados frente a solo 26 de Miriam Peretz, el ex líder laborista Isaac Herzog se convierte en el undécimo presidente de Israel, siguiendo el camino de su padre, que lo fue entre 1983 y 1993.

Si Lapid fracasaba, como ya anteriormente fracasó Netanyahu, la agitada crisis política corría el riesgo de entrar en una nueva fase de 21 días en los que cualquiera de los 120 diputados podía ser primer ministro, siempre y cuando recibiera el apoyo de 61 diputados y formara Gobierno en 14 días. Si no, incluso estaba la posibilidad de unas quintas elecciones en dos años, en las que Netanyahu buscaría tener por fin una mayoría formada exclusivamente por la derecha y los partidos ultraortodoxos.

Las dificultades que retrasaron el acuerdo radicaban en el variado puzzle formado por ocho partidos de ideologías enfrentadas. Su único punto de encuentro era el deseo de echar a Netanyahu de la residencia oficial en la Calle Balfour en Jerusalén. Le acusan de ser el responsable de la crispación interna, el bucle político y de corrupción por el que está siendo juzgado en un tribunal.

En el Gobierno de rotación, el primero en asumir su jefatura hasta 2023 esa Naftali Bennett, un dirigente con escaso apoyo en el Parlamento y en la propia coalición. En los comicios del pasado 23 de marzo, el líder del partido derechista Yamina obtuvo solo siete escaños.

Además, uno de ellos ya se había desmarcado en protesta por romper las promesas electorales de no pactar con la izquierda, no basarse en un partido árabe ni estar bajo la batuta de Lapid, como se prevé en dos años. Los dos partidos de izquierda, Meretz (6) y laborista (7), tres de derechas, Yamina (6), Nueva Esperanza (6) e Israel Beitenu (7) dos partidos centristas Yesh Atid (17) y Azul y Blanco (8) y el árabe Raam (4) conforman el llamado «Gobierno del cambio», que sería ciencia ficción sin la presencia de un rival como Netanyahu.

«Gran superviviente»

Pero la fama del líder del Likud como «gran superviviente» de la política israelí y la extrema heterogeneidad de la nueva coalición cosida por Lapid y Bennett, que dependía de muchos hilos, hacen que nada sea definitivo hasta que 61 de los 120 diputados de las ocho facciones voten a favor en la investidura, prevista el próximo 14 de junio.

Las negociaciones de aliados contra natura sugerían que la coalición no lo tendrá fácil. Además, el bloque de Netanyahu, formado por 52 diputados, lanzará al día siguiente una batería de leyes para acabar con la start-up de Lapid y Bennett.

Como toda empresa emergente tecnológica, ésta combina originalidad, atrevimiento y mucho riesgo. Bennett sería jefe de Gobierno. El líder de Azul y Blanco, el centrista Benny Gantz, seguiría siendo ministro de Defensa, aunque desde su entorno recordaban que era el que más había cedido porque en caso de nuevas elecciones y continuación del bloqueo, en noviembre sería el nuevo primer ministro gracias al acuerdo de rotación firmado hace un año con Netanyahu.

En los últimos días, el premier, que no cumplió el citado pacto, ofreció el cargo a Gantz ahora mismo, lo que le hubiera mantenido en el poder como primer ministro alterno y sobre todo hubiera abortado la coalición del cambio. Gantz se negó al temer una nueva emboscada política.

¿Lapid? Hasta que asumiera las riendas de Israel ejercerá de primer ministro alterno, titular de Exteriores y sobre todo el principal bombero para apagar los numerosos fuegos previstos en la coalición.

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