4 inspiradoras historias de padres ejemplares

El próximo domingo es el Día del Padre. En Plan LEA ya lo estamos celebrando. Hoy les ofrecemos este post en el que recuperamos algunas historias de auténticos superpadres. Héroes sin capa que, enfrentándose a distintos obstáculos, demostraron que no existe fuerza comparable a la del amor por un hijo.

El Equipo Hoyt

A Rick Hoyt, nacido en el año 1962, le diagnosticaron tetraplejia con parálisis cerebral espástica poco después de nacer. Algunos médicos aconsejaron a Dick y Judy, sus padres, que ingresaran al pequeño en un centro especializado. Argumentaban que jamás podría disfrutar de una vida normal, que los cuidados que su condición exigía tal vez fuesen inasumibles para ellos. Contra viento y marea, los Hoyt se resistieron a tirar la toalla. Buscaron alternativas, contrastaron opiniones y, sobre todo, confiaron en el potencial de Rick.

Poco a poco, el tiempo fue dándoles la razón. Descubrieron que Rick sí era capaz de comunicarse y aprender. Con el apoyo de sus padres, pudo matricularse en la escuela pública y estudiar una carrera universitaria. Pero sin duda alguna, fue en el deporte donde encontró los desafíos que le han llevado a convertirse en una leyenda de la superación personal. Cuando Rick tenía 15 años, uno de sus compañeros de estudios quedó paralizado tras sufrir un accidente. Quiso alentarle, demostrarle que su vida no había terminado; y quiso hacerlo a través del ejemplo. Pidió ayuda su mejor aliado, su padre. Le propuso participar en una carrera de 5 millas.

Aunque Dick no era un gran atleta, entrenó duro para cumplir los deseos de su hijo. Después de cruzar la meta, Rick hizo una confesión a su padre: “cuando corremos no me siento discapacitado”. Desde entonces nada pudo detenerles. Durante 37 años completaron juntos más de 1.000 carreras, incluyendo 255 triatlones y más de 70 maratones. En este vídeo puedes ver en acción al Equipo Hoyt.

 

YouTube video

“Papá de Juan José y de todos…”

La frase entrecomillada aparece en la orla de los próximos graduados en Educación Primaria de la Universidad de Cádiz. Es el texto que puede leerse bajo la foto de un hombre llamado Juan Lucero. No es un estudiante más, sino el padre de Juan José Lucero. Durante los últimos cuatro años ha asistido a clase a diario con su hijo. Todo para que la silla de ruedas que necesita para moverse no sea un impedimento para cumplir su sueño: convertirse en profesor de matemáticas.

Los compañeros de Juan José han querido reconocer de este modo el esfuerzo de padre e hijo. “Mi padre es uno más de la clase. Mis compañeros están orgullosos porque es como un padre para ellos”, confirma Juan José. Desde luego, son todo un ejemplo de amor y entrega. Y seguirán siéndolo, porque el estudiante ya tiene nuevo objetivo. Desea matricularse en un máster que le habilitará para ser profesor en Secundaria. Su padre lo tiene claro: estará a su lado en el camino.

 

YouTube video

Jim y Derek Redmond en Barcelona’92

Por más que busques en los archivos, en los Juegos Olímpicos de 1992 no encontrarás información sobre ningún atleta llamado Jim Redmond. Sin embargo, fue uno de los grandes héroes de las competiciones celebradas en Barcelona. Jim es el padre de Derek, atleta británico que participó en las pruebas de los 400 metros lisos. Tampoco él batió ningún récord; de hecho, es posible que haya sido el corredor más lento de la historia. Pero su ejemplo es sencillamente inolvidable.

Derek era un deportista formidable, aunque con frecuentes problemas físicos. Las lesiones le dejaron fuera de las Olimpiadas de Seúl en 1988, pero en Barcelona era uno de los grandes favoritos para conquistar una medalla. Desafortunadamente, a mitad de la carrera de semifinales sintió un pinchazo que le obligó a detenerse. Estaba roto. Los médicos saltaron al tartán para retirarle de la pista, pero Derek se negó a abandonar. Tenía que cruzar la meta.

Cojeando y con lágrimas en los ojos, Derek Redmond emprendió los 175 metros más largos de su vida. En ese momento, un hombre saltó de las gradas, forcejeó con el personal de seguridad y se colocó a su lado. Era Jim, su padre. Le sugirió retirarse, le recordó que no tenía que demostrar nada a nadie, pero Derek insistió. Quería acabar. Abrazados y a trompicones, los Redmond atravesaron la línea de meta. “Soy el padre más orgulloso del mundo. Estoy más orgulloso de él de lo que lo estaría si hubiera ganado el oro. Hace falta tener muchas agallas para hacer lo que ha hecho”, explicó Jim ante los medios. El sentimiento tiene que ser mutuo: seguro que su hijo siente un orgullo similar hacia él.

 

YouTube video

Carlos González y el hijo pródigo

En el curso «Autoridad y límites», Carlos González habla de la parábola del Hijo Pródigo, del Evangelio de Lucas. Partiendo de este texto, y dejando al margen las connotaciones religiosas, el pediatra hace interesantes reflexiones. Por un lado, el relato nos recuerda que dos hijos pueden ser muy diferentes entre sí aunque sus padres los críen de la misma forma. Pero sobre todo, González subraya la importancia de enseñar a perdonar a través del ejemplo. Es lo que hace el padre protagonista de la historia, que elige no enfurecerse ante los errores cometidos por su hijo rebelde.

“El castigo es otro nombre de lo que antes se llamaba venganza. Ahora se les llama consecuencias, aunque la mayoría de las veces es la misma cosa. Lo normal es perdonar a tu hijo. ¿Cómo es posible que se nos ocurra castigar a niños pequeños por cosas sin importancia?”, comenta Carlos González. En el curso «Autoridad y límites» comparte consejos y opiniones para adoptar un modelo de crianza distinto, en el que la gestión de la autoridad no esté reñida con el cariño y el respeto hacia los hijos.

Fuente: https://escuela.bitacoras.com/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.